13 de noviembre de 2020: 170 aniversario de su nacimiento.

Tengo la impresión de que muchos de nosotros conocemos la obra de Stevenson, limitada a La isla del tesoro y El extraño caso del Doctor Jekyll y el señor Hyde. Lo que es una desventaja, como dice Borges, porque son tan conocidas que casi todos las conocemos antes de leerlas. Pero la realidad es que la producción de Stevenson es mucho mayor. Escribió esas y otras grandes novelas, como La flecha negra (de 1888) y El señor de Ballantrae (también de 1888), o los cuentos de Las nuevas noches árabes (porque en lengua inglesa lo que en castellano conocemos como Las mil y una noches se conocen como Las noches árabes), poesías y ensayos sobre literatura y sobre la condición humana.

Robert Louis Stevenson nació en Edimburgo, Escocia, el 13 de noviembre de 1850. Fue el único hijo de una familia presbiteriana acomodada, de padre abogado (y también constructor de faros) y madre descendiente de religiosos de la Iglesia de Escocia. Como consecuencia de la mala salud de la madre (que sufría de enfermedades respiratorias que fueron heredadas por el niño), Robert fue criado en realidad por su niñera Alison “Cummy” Cunnigham, una austera calvinista que le contaba historias truculentas que impresionaron duramente al joven Stevenson. Las largas temporadas de reclusión en la casa debida a su mala salud, eran compensadas por juegos en donde predominaban la invención de historias y poemas. Por esa misma razón, asistió esporádicamente a escuelas privadas y religiosas, además de recibir clases particulares en su casa. Comenzó desde pequeño a escribir historias y ensayos, y publicó con apoyo paterno un libro en 1866.

Digresión 1:

El libro juvenil de Stevenson se llamó Pentland Rising (El levantamiento de Pentland). Lo escribió cuando pasaba sus vacaciones en la ciudad de Pentland, donde se había producido un hecho histórico doscientos años antes, en 1666. Un grupo de soldados ingleses llegaron al lugar persiguiendo a unos rebeldes escoceses, a los que se conocía como “Covenanters” (por haber firmado un pacto -covenant, en inglés- de resistencia a la intromisión de los Estuardo en la sucesión en Escocia). Los soldados maltrataron a un pobre anciano que se negó a pagar una multa, por lo que trataron de marcarlo con un hierro ardiendo. Cuando los aldeanos protegieron al anciano, la represión fue terrible. Refuerzos ingleses produjeron una matanza, en la que murieron centenares de escoceses.

Al año siguiente ingresó a la Universidad de Edimburgo para estudiar Ingeniería Naval. Pero pronto abandonó esa carrera para seguir los pasos del padre, y se graduó como abogado en 1875. Pero después de la graduación, su interés se concentró en la literatura, inspirada al principio en los viajes que hacía con su padre para inspeccionar los faros que construía. Además, la tuberculosis que sufría lo obligó a realizar otros viajes, buscando un clima más propicio para proseguir con su carrera literaria. En Francia conoció a Fanny Osbourne, una estadounidense mayor que él, separada y madre de dos hijos, de la que se enamoró. Cuando ella logró el divorcio de su primer marido, se casaron en 1880, cuando Stevenson tenía 30 años y ella más de 40. Se instalaron en los Estados Unidos y vivieron un tiempo en California, donde él continuó escribiendo sus relatos de viajes y aventuras. Luego pasaron temporadas en Edimburgo, en Suiza y en el sur de Inglaterra, siempre buscando un lugar mejor para su débil salud. Stevenson decía “no he conocido un solo día efectivo de salud. He escrito con hemorragias, entre estertores de tos, he escrito con la cabeza dando tumbos”. Finalmente, decidieron viajar por las islas del Pacífico Sur, y encontraron el lugar ideal en la Polinesia, en una pequeña aldea llamada Vailima, cerca de Apia, la capital de la isla de Samoa. En esos años, Samoa estaba bajo el dominio del Imperio alemán hasta que en 1914 fue ocupada por Nueva Zelanda, y recién pudo declararse independiente en 1962. Stevenson murió el 3 de diciembre de 1894, como consecuencia de un derrame cerebral. Los muchos amigos que hizo durante su vida en Samoa, donde los samoenses lo llamaban Tusitala (el que cuenta cuentos), cargaron el ataúd en hombros y, cumpliendo con su deseo, lo llevaron hasta la cima de la montaña más alta del lugar, donde colocaron una lápida en la  que se pueden leer los versos del final de un poema suyo:

«…
Aquí yace donde quiso yacer,
Ha vuelto el marinero, ha vuelto del mar
Y el cazador ha vuelto de la colina»

Digresión 2:

Henry James (1843-1916) era un reputado escritor y crítico estadounidense, famoso por sus novelas escritas desde el punto de vista subjetivo, que permite el análisis psicológico de los personajes desde su interior. Para él, la novela debía representar e ilustrar la realidad, la vida real de los hombres y mujeres. La fantasía era completamente extraña a su escritura. Stevenson estaba en las antípodas de este pensamiento estético. El no penetra en el alma de sus personajes como lo hace James, sino que confía todo el sentido del relato a descubrir siempre lo importante y a usar la palabra exacta en el momento justo.

Escribía sobre piratas, tesoros escondidos o se basaba tanto en leyendas que conoció en la tierra brumosa y fría de Escocia como en los relatos que inventaba cuando vivió en las cálidas islas del Pacífico Sur. Su idea de la literatura se apoyaba en la creencia de que “la vida es monstruosa, infinita, ilógica, abrupta y conmovedora; una obra de arte, en comparación, es pulcra, acabada, autosuficiente, racional, fluyente y castrada. La vida se impone por su energía bruta, como el trueno inarticulado; el arte apresa el oído, entre los ruidos de la experiencia, mucho más fuertes, como una melodía interpretada artificialmente por un músico discreto”. Stevenson y Henry James se conocieron en 1879 y rápidamente forjaron una sólida amistad (no hace mucho, se publicó la traducción al castellano de la Correspondencia y otros escritos, de Henry James y Robert Louis Stevenson, Ediciones Hyperión, Madrid 2000). Y pese a esas diferencias de criterio sobre el contenido de su arte, se profesaron una mutua admiración. James decía que “es un lujo, en esta época inmoral, encontrar a alguien que realmente escribe, que de verdad está familiarizado con ese arte encantador. Creo que estamos de acuerdo en muchas más cosas que en desacuerdo, y aunque hay puntos acerca de los cuales un espíritu más irrefrenable que el mío querría tratar de encontrar un defecto, no es eso lo que quiero decir; antes al contrario, agradecerle lo mucho que de sugestivo y acertado hay en sus observaciones, pensadas con tanta justeza y dichas con tanta brillantez”, a lo que Stevenson contestó que “soy, comparado con usted, un patán y un zaparrastroso de primer orden”.

Digresión 3:

La Isla del Tesoro es algo más que un relato de piratas y tesoros escondidos. Es una historia densa de traiciones y lealtades divididas que Stevenson escribió para su hijastro en treinta y cuatro noches.

El extraño caso del Doctor Jekyll y el señor Hyde fue escrito por Stevenson después de haber tenido una pesadilla y de varias noches de cocaína y alcohol. El tema de la doble personalidad siempre le había interesado y eso se advierte en varios relatos escritos en distintas épocas. Veinte años antes de que Sigmund Freud desarrollara su teoría psicoanalítica, Stevenson publicó en 1886 su novela, donde un tranquilo médico se transforma en un cruel y despiadado personaje gracias a un brebaje de su invención. En forma similar, El retrato de Dorian Gray, la novela de Oscar Wilde de 1890, sigue esos pasos de Stevenson, haciendo que el retrato del personaje sufra el castigo por sus pecados y vicios.

Así como en Las mil y una noches el califa Harún al-Raschid (o Harún el Ortodoxo, según aclara Borges, a quien no tenemos por qué no creerle) que disfrazado recorre las noches de Bagdad, en Las nuevas noches árabes hay un príncipe Florizel de Bohemia que recorre disfrazado las noches de Londres, donde tiene fantásticas aventuras. Entre ellas, la que relata en el cuento “El club de los suicidas”, que Borges considera el mejor de Stevenson.

Stevenson y el cine

La novela El extraño caso del Doctor Jekyll y el señor Hyde fue llevada al cine en varias oportunidades, no siempre con demasiado respeto por el texto original. En 1920 se filmó una película muda, con el famoso John Barrymore como protagonista. Años después, en 1931, se estrenó otra dirigida por Rouben Maumolian, esta vez con Frederich March en el papel de los dos personajes. Y en 1941 Victor Fleming dirigió a Spencer Tracy e Ingrid Bergman. En una de sus clases de la Universidad de Buenos Aires de 1966 (ver Borges profesor, Emecé Editores, Buenos Aires 2000, p. 235) decía que la película de Fleming cometió el error de hacer que el mismo actor interpretara a los dos personajes de Stevenson. Deberían ser dos los que jugaran el rol del médico y el monstruo para que al final de la misma el público pudiera ver que los dos habían sido uno solo, como ocurre en realidad en el libro de Stevenson. Como curiosidad, señalo que en Argentina, en 1951 se hizo una película (El extraño caso del hombre y la bestia), dirigida e interpretada por Mario Soffici. El libro tampoco se libró de ser adaptado por el cine de animación: en 1947 el gato Tom y el ratón Jerry son los personajes principales, así como el gato Sylvester y el canario Tweety lo fueron después, y hasta en 1955 los creadores del conejo Bugs Bunny también se atrevieron con la historia.

La isla del tesoro tuvo una versión de 1934 con Jackie Cooper (el niño de la película de 1921 de Charles Chaplin El chico, o El pibe como se la conoció en Argentina), y otra de 1950, dirigida por Byron Haskin, con Bobby Driscoll y Robert Newton. Se hicieron varias películas más con el libro, una de ellas en 1972 con Orson Welles como el pirata Long John Silver.

ROBERT LOUIS STEVENSON
/a>